La Cultura en Revolución: 60 años de crecimiento continuo

Lo alertaba Fidel, citando al Apóstol en su alegato de defensa en 1953, luego conocido como La Historia me absolverá, “el pueblo más feliz es el que tenga mejor educados a sus hijos, en la instrucción del pensamiento y en la dirección de los sentimientos. Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre.”

La voluntad política trazada durante la efervescencia del Triunfo respecto a la Cultura se vio reflejada en los métodos empleados por el gobierno cubano en horas tempranas (política cultural, campaña de Alfabetización, entre otras.)

La Campaña de Alfabetización emprendida en 1961 no solo constituyó un hito de la Educación en Cuba sino también el precedente de la política de apertura en el ámbito cultural. Los diferentes pasos dados hacia la consolidación de la cultura nacional y la creación del Ministerio de Cultura cubano – en 1976– evidencian el nuevo aliento a este sector.

Hacer accesible y comprensible la Cultura es lo que se ha hecho por décadas, pero sobre todo deslindarla de una imagen de propiedad fría de los museos y exclusiva de la “intelectualidad”. “La política cultural revolucionaria se ha orientado (…) a propiciar la participación de nuestro pueblo en los procesos culturales y su acceso a lo mejor del arte cubano y universal (…)” (Saunders 2008, 150).

O como expresa un informe de la UNESCO en 1998, “la política cultural que deriva proceso revolucionario, es la de recuperación de la cultura que portan originalmente las clases oprimidas, ahora en condiciones de expansión y desarrollo y liberadas del contexto e ideología colonizadora o imperialista”.

Los ejemplos son claros, palpitan en la memoria de la Historia de Cuba. A partir del temprano año de 1959, aun en un contexto de transformaciones profundas como indica toda revolución, surgieron instituciones que también por estas fechas celebrarán su 60 aniversario y que constituyen columnas vertebrales de la política cultural cubana: el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos, la Casa de las Américas, la Imprenta Nacional, refundación del Ballet Nacional bajo la guía de Alicia Alonso, la Orquesta Sinfónica Na­cional, la Escuela Nacional de Instructores de Arte, entre otros.

Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)

A penas dos meses del triunfo, el 24 de marzo de 1959, para ser precisos, nace el ICAIC, la institución que dejó claro su objetivo de incentivar la creación de un Cine “nuestro” y que alentó, a partir del presupuesto que “el cine es un arte”, a producir obras de elevado valor estético.

Su Presidente fundador fue el reconocido intelectual Alfredo Guevara quien ocupó su cargo luego de hacerse pública la Ley No.169 del Consejo de Ministros del Gobierno Revolucionario de la República de Cuba, firmada por Fidel Castro Ruz, como Primer Ministro y Armando Hart Dávalos, como Ministro de Educación.

Asimismo, caben mencionar otras tantas entidades y acciones, algunas activas otras ya no, que fomentan la creación audiovisual en vínculo estrecho con el Instituto como la Cinemateca de Cuba, los Noticiero ICAIC Latinoamericano, dirigidos por Santiago Álvarez, Revista Cine Cubano, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y los Estudios de Animación del ICAIC.

Casa de las Américas

Fundada por Haydee Santamaría, La Casa cumplirá también 60 años. Por Ley 299 del 28 de abril de 1959, el Gobierno Revolucionario creó la Casa de las Américas, institución con personalidad jurídica propia y que “continúa con la máxima de desarrollar y ampliar las relaciones socioculturales con los pueblos de la América Latina, el Caribe y el resto del mundo”.

“Concebida como un espacio de encuentro y diálogo de distintas perspectivas en un clima de ideas renovadoras, la Casa de las Américas fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo. Cuando todos los gobiernos de la América Latina, con la excepción del de México, rompieron relaciones con Cuba, la institución contribuyó a impedir la destrucción total de los lazos culturales entre la Isla y el resto del continente. La Casa difundió la obra de la Revolución y propició la visita a Cuba de intelectuales que se pusieron en contacto con la nueva realidad del país”.[1]

Ballet Nacional de Cuba, bajo la dirección de Alicia Alonso

La compañía surgió en 1948 y dos años más tarde nace la Escuela Nacional de Ballet, anexa a ésta. Sin embargo, 1959, marcó “el inicio de una nueva etapa para el ballet cubano. Ese año, como parte de un nuevo programa cultural, (al alcance de todos los públicos), se reorganiza la compañía con el nombre de Ballet Nacional de Cuba, y ha tenido desde entonces un auge vertiginoso, enriqueciendo su repertorio y promoviendo el desarrollo de nuevos bailarines, coreógrafos, profesores y de otros creadores en otros géneros relacionados con la danza, como las artes plásticas y la música.[2]

Escuela Nacional de Instructores de Arte

Los años 1963 y 2004 aparecen como dos momentos distintivos en la historia de las Escuelas de Instructores de Arte (EIA) en Cuba. Un proyecto nacido en la Revolución y que desde su génesis concibió la idea de que jóvenes con vocación y talento artístico llevaran cultura a todas las comunidades del país, como forma de defender las tradiciones nacionales y fomentar el conocimiento sobre el arte. Así, en septiembre del año 1963 se efectuaría la primera graduación de la Escuela Nacional de Instructores de Arte.

Pero los años de necesidades económicas enfrentadas por el país, que siguieron en las próximas décadas —como los 90 y el llamado Período Especial— afectaron evidentemente a la esfera de la cultura. Desaparecen las escuelas formadoras de instructores, y se une a esto el éxodo casi masivo de graduados en el Sistema Nacional de Casas de Cultura por razones económicas.

Luego, con la entrada del nuevo siglo, Fidel Castro impulsa la creación de las nuevas Escuelas de Instructores de Arte (EIA) e inicia una nueva etapa para este proyecto. El objetivo inminente fue rescatar la situación de los artistas aficionados en todas las comunidades, así como priorizar el trabajo con los niños y jóvenes en los centros de enseñanza.

La primera promoción de las EIA ocurrió en el año 2004, y se gradúan al mismo tiempo los instructores de las manifestaciones de Teatro, Danza y Artes Plásticas. Un año después lo hicieron los de Música, por ser más extenso su programa de estudios.

Las escuelas formadoras de instructores de arte han sufrido o vivido altas y bajas consecuentes con los distintos momentos históricos del país.

Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac)

 

“Con el objetivo de preservar el proyecto de justicia social e independencia nacional, en el que han empeñado sus sueños y esfuerzos tantas generaciones de cubanos”, la Uneac fue fundada el 22 de agosto de 1961 por el Poeta Nacional, Nicolás Guillén[3].

Una mirada al discurso pronunciado por el Comandante en Jefe, en la clausura del Primer Congreso de escritores y artistas, efectuada en el Teatro “Chaplin”, evidencia la confianza de Fidel en el desarrollo de las artes estéticas y filosóficas.

Algunos, posiblemente los que todavía no son capaces de ver lo que es la Revolución —y hay que estar bien ciego a estas horas, o irremisiblemente ciego— hayan estado intrigados sobre este congreso, ¿de qué se va a tratar en ese congreso? No faltarían quienes pensaran que este congreso tenía por fin amordazar el espíritu artístico, que tendría por fin coaccionar a los escritores y artistas.

Hay muchas personas a quienes un insalvable prejuicio les impide penetrar profundamente en las grandes verdades de la Revolución; tienden a tergiversarlo todo, y lo ven a través del cristal de su pesimismo crónico.

Este congreso de escritores y artistas se ha caracterizado precisamente por dos cosas: por su espíritu fraternal y por su espíritu democrático.

Patrimonio cultural, más que un legado histórico

El pasado año, la cultura cubana volvía a recibir el reconocimiento mundial de otro de sus Patrimonios Culturales Inmateriales: las Parrandas de la región central, tal y como ha venido sucediendo con otras manifestaciones de lo más auténtico de nuestra cultura, desde la creación y fundación de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Sin ansias de triunfalismos históricos, pero si hoy Cuba cuenta con 13 lugares y manifestaciones en las Listas patrimoniales de la UNESCO, ha sido sin lugar a dudas gracias a la mirada priorizada que se le ha dado a la Cultura y la Educación de todo un pueblo, como salvaguarda de nuestra identidad, desde el triunfo revolucionario de enero del 59.

La defensa de una cultura popular ha sido uno de los pilares revolucionarios, concebida como la fuente de la que beben las tradiciones vitales de la cubanía. En efecto, a pesar de ser en parte inmateriales, los bienes culturales llegan a ser recursos tangibles, cuando se convierten en propiedades de la población.

Los esfuerzos porque se reconozca el potencial cultural cubano en todos los escenarios es en gran parte a un arrojo político y social en la que la conservación del patrimonio tiene que ver con el fortalecimiento de la identidad, y el reconocimiento de la diversidad. Por eso no se puede conseguir la conservación del patrimonio cultural sin la colaboración y actividad consciente de la población.

La preservación del patrimonio no es el solo hecho de una “élite”, sino que la respaldan los que viven de manera cotidiana el patrimonio cultural. En efecto, el patrimonio cultural se compone de obras de arte, de construcciones arquitecturales, de composiciones musicales o corrientes literarias, pero la manera de vivir, las costumbres, también conforman el patrimonio cultural de un pueblo.

En Cuba, la preservación del patrimonio cultural presenta una relación estrecha con el pueblo. Así, para el Partido Comunista de Cuba, “la guía magistral de los diversos aspectos de la política cultural es que los frutos de la creación artística sean en realidad patrimonio del pueblo y que éste participe, a través de múltiples vías, en el proceso creador”. Estos “valores culturales nacionales” fortalecen una identidad nacional, rescatada por la Revolución. (s.a. 1988, s.p.).

Una Resolución del PCC señalaba como avance de la Revolución en la Cultura, la participación de las masas en la actividad cultural con la incorporación activa de trabajadores, campesinos y estudiantes, y muy especialmente de los niños y jóvenes, así como el estudio de las raíces culturales, el reconocimiento de sus valores, el desarrollo de éstos y la investigación del folklore.

Vemos hoy con inmensa felicidad cómo manifestaciones de nuestra identidad, aquello a lo que denominan inmaterial, son reconocidas año tras años a nivel global. Lena de regocijo que aquello “otro”, intentado marginar y ocultar por gobiernos sin un ápice de preocupación por el bienestar cultural de la nación, ponen el nombre de Cuba en lo más alto y la refuerzan en su escaño de potencia cultural.

Están las evidencias; la Rumba, fue reconocida en 2016 como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, nacida, antaño, en barrios marginados de ciudades como La Habana y Matanzas, así como en las proximidades de algunos puertos y en poblados de chabolas, llegando a ser especialmente popular en las zonas rurales habitadas por comunidades de esclavos africanos. Al extenderse desde el oeste hacia el este del país, la rumba llegó a ser un símbolo importante de un estrato marginado de la sociedad cubana y de su identidad.

También está El Punto, inscrito en 2017 en la Lista Representativa; una expresión poética y musical de los guajiros cubanos consistente en una tonada o melodía acompañada por la voz de una persona que canta composiciones poéticas en décimas, improvisadas o aprendidas.

La defensa del patrimonio cultural es también la construcción del futuro. Así, en Cuba como en cualquier lugar, el patrimonio no es una simple herencia (Argaillot. 2013. s.p), lo debemos construir y salvaguardar, apoyados de una voluntad política, las generaciones del presente.

Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

“La situación de este país (Cuba) es totalmente excepcional, primero en cuanto al resto del Caribe, puesto que posee por sí solo siete de los quince sitios, culturales o naturales, distinguidos por la UNESCO para esta región del globo […], pero también por la variedad de lo que ha sido juzgado digno de entrar en la memoria colectiva del planeta. A los siete sitios arquitecturales aceptados (La Habana Vieja y sus fortificaciones, la ciudadela de Santiago, los vestigios  de los cafetales de la región de Santiago, Trinidad y el Valle azucarero de Los Ingenios, el valle de Viñales, los cascos antiguos de Cienfuegos y Camagüey…) se añaden en efecto dos bienes “naturales” (los parques de Desembarco de Granma y de A. Humboldt), y más notable, porque se trata del único ejemplo en el Caribe para el patrimonio inmaterial, la calificación de la Tumba francesa de Santiago, asociación de cantos y de bailes afrocubanos”(Unesco. 1998) 

  1. Parrandas de la región central de Cuba

2. El punto

3. La rumba cubana, mezcla festiva de baile y música, y todas las prácticas culturales inherentes

4. Centro Histórico Urbano de Camagüey

5. Centro Histórico Urbano de Cienfuegos

6. Tumba Francesa

7. Parque Nacional Alejandro de Humboldt

8. Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafetaleras en el Sudeste de Cuba

9. Parque Nacional Desembarco del Granma

10. Valle de Viñales

11. Castillo San Pedro de la Roca de Santiago de Cuba

12. Centro Histórico de Trinidad y su Valle de los Ingenios

13. Centro Histórico de La Habana Vieja y su Sistema de Fortificaciones Coloniales

 

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