Venezuela, la dignidad primero

Ese «ministerio de colonias», como lo llamara Raúl Roa, el «Canciller de la Dignidad», ha sido durante décadas una plataforma de apoyo a Estados Unidos en sus acciones desestabilizadoras, invasiones a países de la región, política de sanciones y otras medidas hostiles.

Venezuela ha cumplido con el proceso de retiro definitivo de la Organización de Estados Americanos (OEA), luego de haber transcurrido dos años de la solicitud que hiciera el presidente de la República Nicolás Maduro.

En ambos casos –el de Cuba y el de Venezuela– una alta dosis de dignidad, concepto de independencia y respeto a sus pueblos, han sido las banderas que nunca serán arriadas y que demuestran que abandonar a esa institución anti-latinoamericana no es más que la reivindicación de la soberanía y el apego a los documentos rectores de las instituciones internacionales que especifican «la no injerencia en los asuntos internos de un país», como algo sagrado en bien de la paz y la convivencia entre estados y pueblos hermanos.

La oea es un burdo mecanismo donde se pretende imponer a países soberanos, los designios de quienes, desde Washington, continúan apostando por la asimilación imperial y que hoy reviven la Doctrina Monroe, como cartilla de enseñanza a gobiernos lacayos de la región que hacen coro a su lado.

La nefasta historia de esta organización se expresa desde su nacimiento mismo en 1948, pues ya en 1954 avaló la intervención estadounidense en Guatemala para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz y en 1961, poco después del triunfo de la Revolución, hizo silencio ante los bombardeos contra ciudades cubanas y la invasión mercenaria organizada, armada y financiada por el gobierno de Washington.

Tan sumisa a lo que digan desde la Casa Blanca ha sido y es, que apenas unos días después de que el gobierno estadounidense rompiera relaciones con la Mayor de las Antillas el 3 de enero de 1962, nuestra nación fue excluida de la organización.

La OEA avaló también la intervención de tropas norteamericanas en República Dominicana en 1965, los bombardeos e invasión a la pequeña isla de Granada en 1983 y la invasión a Panamá en 1989.

Ahora, contra la República Bolivariana de Venezuela, la OEA y su principal instigador, Luis Almagro, son usados como puntas de lanza para buscar apoyo de gobiernos de extrema derecha y algunos mandatarios serviles a lo que digan Donald Trump, Mike Pompeo, Marco Rubio y John Bolton, entre otros cavernícolas.

Razón tiene el presidente elegido por el pueblo de ese país, Nicolás Maduro Moros, al declarar este día como de fiesta para los venezolanos. Ha triunfado la dignidad y ese lodazal llamado oea pasará a la historia como lo que es: un engendro antilatinoamericano al servicio de Estados Unidos.

 

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