Abrazos a Martí, el Mayor General

Tomado de Granma.

Vega batea, Guantánamo.–«Lo abrazo. ¡Me abrazan todos (…) de un abrazo, igualan mi pobre vida a la de sus diez años (de guerra)!», comentó el Maestro al evocar el instante en que la tropa insurrecta le reconocía, con el grado de Mayor General, sus aportes como organizador y estratega de la nueva contienda emancipadora.

Había caído la tarde del 15 de abril de 1895, día placentero para Martí: «¡qué aire, ¡qué lleno el pecho, ¡qué ligero el cuerpo angustiado!; miro del rancho (de Tavera) (…), en lo alto, una paloma y una estrella». Esa placidez la interrumpe Máximo Gómez: «¿nos permite a los tres solos?».

Al Apóstol ese súbito movimiento lo hace conjeturar: «¿será algún peligro?». Pero tal sensación desaparecerá allí, al pie del monte, cuando el Generalísimo le dice, «bello y enternecido», que es merecedor de la alta jerarquía militar.

El Rancho de Tavera fue una pausa brevísima en la existencia de un hombre que nació «con una vida que ama el sacrificio». Estaba de paso, iba a pelear por la redención de su pueblo. Venía del presidio y del trabajo forzado que laceró su salud, venía del destierro y del dolor por tantas entrañables ausencias.

Días antes, el 11 de abril, al desembarcar por Playita de Cajobabo, Martí le puso fin a sus 15 años de actividad revolucionaria en el exterior. Había desafiado al mar tempestuoso, burlado a quienes lo vigilaban. Ahora desafiaba las empinadas montañas de Imías.

Que la muerte podía andar oculta por allí, lo tuvo claro desde el principio; pero esa geografía, inhóspita y seductora, más bien le robaba el sueño: «la noche bella no deja dormir (…) oigo la música de la selva, compuesta y suave, como de finísimos violines».

Así, rodeado de bosques y afectos, Martí recibió el grado de Mayor General, y sucesivos abrazos de Gómez, Ruenes, Paquito… El episodio, hermoso, muchos años después se reeditó en Cinco Palmas, y también al pie de la escalerilla de un avión que completó el regreso de los Cinco Héroes a la Patria. Otros héroes y heroínas, vestidos de blanco, de verde, de azul, andan hoy por la Isla y por el mundo, porque es urgente salvar y salvarse. Ya los tendremos de vuelta, martianos, Generalísimos, bellos y enternecidos. Ya recibirán sus abrazos.

 

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