Che y el desafío de la humanidad (I)

Tomado de La Jiribilla.

I

La pandemia que se ha extendido a ciento ochenta y cinco países ha puesto en evidencia los efectos de las políticas neoliberales y la esencia salvaje del capitalismo. Ese sistema, que prioriza la obtención de ganancias a costa de la vida de millones de personas, también provoca el fallecimiento de millones de personas no solo por la Covid-19, sino también por el hambre, las enfermedades curables, los accidentes laborales —incluso en los propios EE.UU. y Europa— y guerras de rapiña. En estos tiempos, muchos han sido atraídos a pensar y a reencontrarse con Ernesto Che Guevara.

En Cuba, también, aunque no sea precisamente a causa los males que experimenta el mundo por su sistema capitalista, se busca el modo de revolucionar nuestra economía, nuestras instituciones, tal como el pueblo decidió al votar su Constitución en años recientes; son momentos en los que se debe realizar cambios profundos en la estructura de la economía y en el modo de gestionarla. Cerrar instituciones y/o eliminar regulaciones que obstaculizan el desarrollo de la producción nacional y su sostenibilidad y crear otras nuevas más pegadas a la base, administradas y fiscalizadas por la comunidad, por el municipio. El anterior es un proceso al que Raúl llamó continuar el desarrollo de descentralización.

El pueblo cubano vence la Covid-19 y se prepara para aplicar los cambios estructurales en la economía que permita que las fuerzas productivas se desarrollen y crezcan a pesar del bloqueo estadounidense. De forma tal que se puedan destruir las trabas burocráticas que frenan su desarrollo y la felicidad plena de nuestro pueblo. Cambiar todo lo que deba ser cambiado, como dijo Fidel y como nos ha instado Raúl Castro; implantar y desarrollar lo acordado por el pueblo en la votación de su Constitución de modo pleno y cumplir los acuerdos de los congresos del Partido Comunista de Cuba, consensuados con el pueblo, y cuya aplicación se ha demorado demasiado.

El pensamiento del Che hoy en día, viene como anillo al dedo en relación con lo acordado por el Partido Comunista de Cuba. Principalmente, por Raúl Castro, que ha sido el gran impulsor de modernizar y hacer eficientes nuestra economía y nuestras instituciones; esa labor la ha venido haciendo desde el 2008 y, luego, el presidente Miguel Díaz-Canel la ha asumido. Con Raúl Castro, con Ramiro Valdés, con Miguel Díaz-Canel, está el Che.

No se trata de copiar, ni de aplicar la organización que creó el Che, al inicio de la Revolución de 1959, para hacerla viable y tampoco de seguir en los caminos trillados que llevaron a la desaparición del bloque soviético. Se trata de pensar con cabeza propia e incorporar los principios que, de modo resumido, expongo más adelante.

Che estaría de acuerdo con lo que Raúl expresó de forma clara: “Quienes apuestan por demonizar, criminalizar y enjuiciar a los trabajadores por cuenta propia escogieron un camino que, además de mezquino, es risible, por insostenible. Cuba cuenta con ellos como uno de los motores del desarrollo futuro. Y su presencia en el paisaje urbano inequívocamente llegó para quedarse…”

Che no se opuso a la pequeña y a la mediana empresa privada. No solo no se opuso, sino que les garantizaba las materias primas, las piezas de repuesto, para que produjeran y funcionaran. Su cierre y desaparición ocurrieron tres años después de que dejara de ser uno de los dirigentes de la economía cubana, unos meses después de su asesinato. Che pensaba que no había que destruir por decreto las relaciones monetario-mercantiles que nos habíamos encontrado; sino que se debían crear y desarrollar nuevas relaciones de producción sociales y políticas.

No se puede usar al Che para demonizar el desarrollo de las entidades de producción, los servicios privados y las cooperativas, contemplados en nuestra Constitución y la nueva Conceptualización del modelo cubano. Más bien, Che nos puede ayudar a romper las trabas burocráticas que imponen los que no son capaces de cambiar de mentalidad y se aferran a viejos modelos que demostraron su ineficiencia con el colapso del modelo soviético. Che nos puede ayudar a desarrollar el socialismo cubano al que tanto aportó él. Todo lo anterior, sin descuidar la defensa y la solidaridad con el resto de los pueblos, con la humanidad.

El pensamiento, los sentimientos y la acción de Ernesto Guevara surgieron, se expresaron y se realizaron en el centro del proceso revolucionario más destacado y hereje de la segunda mitad del siglo XX: la Revolución Cubana.

Che pudo asumirla de forma creativa porque tuvo cuatro componentes en su formación que lo predispusieron a ello:

– La formación cultural, ética y social progresista dada por su familia y el entorno en que ella se movió, que pusieron a su disposición lo más positivo de la cultura occidental acumulada.

– La historia de Argentina, el país donde nació y creció.

– La influencia de la República española y sus luchas.

– Su experiencia en el terreno: vivencias sociales directas en casi todos los países de América Latina, el Caribe y el sur de los Estados Unidos, en sus primeros veintitrés años de vida.

Fotos: Tomadas de Internet

Por otra parte, la Revolución cubana contaba con todos los ingredientes necesarios para impactar al joven argentino, culto y conocedor de las realidades de nuestra América. La Revolución cubana se fundó sobre un pensamiento revolucionario autóctono de profundas raíces, que se había nutrido de lo mejor de la cultura y que había puesto la ética como piedra base para toda faena. Así, siempre había acompañado a la palabra, a la idea, a la ilusión, a la esperanza, al sueño con la acción; lo que se había manifestado en cuatro revoluciones, desatadas en menos de ochenta y cinco años, de donde habían surgido y descollado dos pilares:

– Una escuela militar insurgente, cuya arma principal es la ética, que aún se estudia y que usamos los cubanos con efectividad para defendernos del imperialismo estadounidense.

– La obra de muchos pensadores revolucionarios, la cual alcanza su máximo exponente en José Martí. Sin Martí y sin el espíritu de Antonio Maceo y su familia no se puede comprender por qué Cuba no se desmoronó como el resto del bloque soviético, por qué sobrevivió a la Guerra Fría, sobrevivió al bloqueo más inhumano y criminal aplicado a un pueblo en la historia de la humanidad por la potencia más poderosa del mundo.

Estos son los elementos esenciales a tener presentes en este siglo XXI. Porque el pensamiento martiano y una corriente del pensamiento marxista, posterior a José Martí —cuyos exponentes más brillantes son Julio Antonio Mella y Antonio Guiteras—, permitieron la elaboración de un marxismo de la subversión y no de la obediencia; una tendencia al cuestionamiento total de las verdades eternas del capital, del bloque soviético y de los partidos comunistas, que se habían dedicado más a interpretar que a transformar la realidad.

Mella, en una fecha tan temprana como 1925, al fundar el Partido Comunista en Cuba, en el mismo acto se enfrentó a las primeras manifestaciones de dominación, obediencia y distorsión del ideal libertario de la Revolución Rusa de 1917. Y Antonio Guiteras representó el antimperialismo consecuente y la inspiración del camino que siguieron años después los revolucionarios cubanos.

El otro pivote a tener en cuenta para comprender a Che es la figura, el intelecto, la ética, la acción consecuente de su jefe y maestro, Fidel Castro Ruz. La amistad y comunión intelectual que ambas personalidades establecieron marcaron, en buena medida, la historia y la suerte de nuestra Revolución cubana.

La Revolución de 1959 fue contra todo el saber y las verdades establecidas en Occidente, en la izquierda y en la academia. Cuba era el único país del mundo en los años sesenta donde era impensable que se diera, triunfara y se desarrollara una revolución antimperialista, que conquistara la independencia, la soberanía y dentro de la que se fundaran y crecieran instituciones populares inéditas de verdadera participación popular, tanto en la defensa como en la distribución del plus producto.

Todavía hay quienes se quejan y no entienden el escándalo teórico-práctico y la herejía, que significó la Revolución cubana, que no parecía posible al sentido común y a la razón organizada en teoría. La teoría marxista-leninista de los años cincuenta del pasado siglo contenía pocos estudios concernientes a los países del llamado Tercer Mundo (aún en nuestros días son insuficientes). Y son esta misma teoría, estas mismas interpretaciones del marxismo-leninismo, las que no dieron respuesta al problema esencial: la toma del poder y el establecimiento de una sociedad sobre pilares diferentes a los del capitalismo.

“…Toda la concepción de Marx no es una doctrina, sino un método. No ofrece dogmas hechos, sino puntos de partida para la ulterior investigación y el método para dicha investigación…”.[1]

La Revolución cubana, desde sus inicios, estableció como principio que no tenía sentido alguno realizar acción, organización, proceso productivo o político, si no iba encaminado hacia —y si no se obtenían— el mejoramiento humano y la desalienación.

Estas son las premisas indispensables, a mi modo de ver, para comprender los aportes de Ernesto Guevara de la Serna al socialismo hoy.

Ernesto, convertido en Che por sus compañeros cubanos, retoma el principio de dudar, la duda como método en la teoría revolucionaria. La teoría y el marxismo como movimiento y no como dogma. La teoría marxista como base útil de herramientas para pensar y actuar y no para meter la realidad en una camisa de fuerza, en un sistema rígido inalterable. La teoría y la práctica para subvertir, crear y no para establecer un sistema de obediencia y dominación que discursara de la manera “El Partido pensó por ti y tú debes digerir”, en palabras del Che.

En el campo de la teoría marxista establecida por la existencia de la Unión Soviética —me refiero a la Economía Política y sus manuales, su Socialismo y Comunismo científicos— Che fue tajante: afirmó que estaba en pañales, es decir, aún por hacer.

Che, al igual que Fidel, vaticinó que la Unión Soviética y los países de Europa del Este marchaban, de manera irremediable, hacia el capitalismo y expuso algunas de las causas que originarían este proceso. Che se percató de que el sistema soviético estaba permeado por los principios económicos, ideológicos y la ética del capitalismo. Che no se limitó a la crítica, sino que desarrolló un pensamiento y una práctica alternativos desde los inicios de la Revolución cubana.

Che se percató de que para crear el socialismo hay que crear una cultura alternativa a la capitalista; y esto lo tomó de los revolucionarios cubanos que, desde el siglo XIX, tenían presente que no se podía construir un país independiente y soberano sin unas bases éticas y culturales distintas de la metrópoli española primero, y del imperialismo estadounidense después.

Cuando producimos una bicicleta, por ejemplo, no solo se obtiene un bien material, sino que se producen y reproducen las relaciones económicas, sociales, ideológicas, jurídicas, éticas, imperantes en el instante de producir la bicicleta.

Che no creía que el desarrollo económico fuera un fin en sí mismo: el desarrollo de una sociedad tiene sentido si sirve para transformar al individuo, si le multiplica la capacidad creadora, si lo lanza más allá del egoísmo. Y este viaje del yo al nosotros, al desarrollo de la individualidad y a la libertad, no se puede hacer con los instrumentos, las categorías y la ética capitalistas.

No es renunciar a la mercancía ni a las relaciones monetario-mercantiles, es sencillamente producir por el valor de uso y no por el valor de cambio. Producir para satisfacer las necesidades de la comunidad, de la población; no por el afán de riqueza material, olvidando la riqueza espiritual y las necesidades materiales de toda la población y no solo de una minoría.

Las nuevas relaciones socialistas de producción tienen sentido si disminuyen la alienación de los trabajadores y tienden a eliminarla paulatina y definitivamente, ajenas a relaciones económicas y a un aparato empresarial y estatal que declaran que la propiedad es de todo el pueblo, pero no permiten la participación en las decisiones que van, desde elegir a sus dirigentes, hasta discutir e incidir en las proporciones en que se distribuye la renta nacional: cuánto al consumo y cuánto a inversión y la acumulación.

Che retoma las tesis centrales del marxismo referidas al desarrollo integral del proceso revolucionario: la transformación de la sociedad no solo es un hecho económico, material; sino simultáneamente ideal, humano, de conciencia, de lo subjetivo y es, ante todo, un proceso de desalienación y de creación de una nueva ética cotidiana.

No puede haber socialismo si la economía no se supedita a una ética, desde sus raíces, diferente a la ética capitalista.

Valor de uso y conciencia, creación de valores de uso para satisfacer las necesidades, acompañados de la fundación de una nueva ética y de una conciencia ajena a los valores imperantes en las sociedades capitalistas.

La conciencia como elemento activo, como fuerza material y con fuerza propia; Che la aprendió con Cuba, con Fidel, con la Revolución que el pueblo cubano materializó en los años cincuenta contra la dictadura de Batista y el sistema imperante, y en los primeros años de esa Revolución triunfante. Che llevó este conocimiento práctico, vivido en parte por él mismo junto a nuestra gente, a la elaboración de fundamentos teóricos y prácticos para crear un sistema económico que respondiera al sueño de una nueva sociedad socialista. Y como base de lo anterior, la certeza de la imposibilidad de desconectar la economía de los ideales que se persiguen.

Che se percata de que si se establecen mecanismos capitalistas o mercantiles pseudocapitalistas no es posible aspirar, aunque se haga mucho trabajo político, a que las personas que vivan, trabajen y actúen bajo los efectos de estos mecanismos asuman una moral no capitalista.

Che encontró en Cuba las técnicas de dirección administrativas, los sistemas de contabilidad, los costos, las auditorías y las primeras computadoras IBM aplicadas a la contabilidad —las más avanzadas del mundo entonces— en algunas transnacionales, no en Washington D.C., ni en Roma, ni en París, ni en Londres, sino en La Habana de 1959.

Che encontró en la Unión Soviética y en los países del Este el ábaco, la contabilidad capitalista premonopolista de fines del siglo XIX e inicios del XX.

Che tomó de las transnacionales todas estas técnicas administrativas, contables, de costos, y se negó a tomar de la Unión Soviética su sistema llamado cálculo económico, que empleaba las técnicas anticuadas referidas con anerioridad y funcionaba con el sistema de categorías y la lógica que mueven la economía capitalista.

No importa solo la cantidad y la calidad de los bienes materiales elaborados, sino el modo en que se producen y las relaciones sociales que se desprenden de dicha manera de producir y distribuir lo producido. Y Che no idealizaba al hombre. En una reunión en su Consejo de Dirección del Ministerio de Industrias, reflexionaba:

El problema es que la gente no es perfecta ni mucho menos, y hay que perfeccionar los sistemas de control para detectar la primera infracción que se produzca, porque esta es la que conduce a todas las demás. La gente puede ser muy buena, la primera vez, pero cuando basados en la indisciplina cometen actos de substracciones de tipo personal para reponer a los dos o tres días, después se va enlazando esto y se convierten en ladrones, en traidores y se van sumiendo cada vez más en el delito.

Che desarrolló un modelo económico que pude poner en práctica por cuatro años, con muy buenos resultados en lo económico y en la creación de aptitudes revolucionarias, que hizo posible que todos en la empresa estatal nos sintiéramos más libres, más plenos, más dignos, más personas.

Che y Fidel aspiraban a poner la economía en función de las personas y no a las personas en función de la economía. El socialismo real del siglo XX no pudo generar, parir, un sistema económico que produjera nuevas relaciones económicas de producción y nuevas relaciones sociales. La construcción socialista tiene que conjugar producción, organización y conciencia como fenómenos simultáneos, que deben tener como elemento central el ser humano y, como su fin, su libertad.

El socialismo de Che es más cercano al comunismo de las comunidades indígenas de los Andes que al socialismo que existió en el pasado siglo.

Che se propuso apostar por los tres desafíos ante los cuales fracasó el “socialismo real” del siglo XX:

– Un sistema económico sin usar categorías capitalistas para su funcionamiento, y una economía eficiente en función del ser humano.

–   Un sistema ideológico-cultural alternativo al capitalista.

–    Una participación real, consciente de la población en la toma de decisiones, una sociedad participativa.

El socialismo no es un sistema más humano que el capitalismo porque una nueva clase o casta dominante e iluminada distribuya con sentido más justo y paternalista las riquezas producidas, sino porque se trata de un régimen de genuino poder popular.

Che trató de aplicar al marxismo mismo y a su experiencia práctica su concepción de la historicidad de todo pensamiento, de rescatar su esencia, también, de abolir los dogmas marxistas que prevalecieron a lo largo del siglo XX y que prefiguraron los resultados obtenidos.

Creo que estamos en la etapa del despertar, de la búsqueda, de volver a potenciar, de manera individual y colectiva, la imaginación creativa para afrontar todos los grandes retos, para preservar el planeta y todas las especies vivientes.

El capitalismo no tiene nada humano que ofrecerles a nuestros pueblos. Tenemos que crear muchas experiencias alternativas fuera de los principios y de la lógica del capital.

El conocimiento de la obra de Ernesto Che Guevara nos puede reforzar, a cada comunidad, etnia, género, pueblo y nación, el pensar con cabeza propia y el ir creando, colectiva e individualmente, distintos modelos donde se respeten la naturaleza, la tierra, todas las especies y el ser humano en sus dignidades.

Cuba, a pesar de los errores que hemos cometido, está de pie frente al imperialismo estadounidense, buscando aún cómo apoyar este proceso mundial y regional latinoamericano; indagando cómo encontrar nuestro propio camino hacia la sociedad como la soñaron para toda la humanidad Marx, Engels y Lenin y, para la nuestra en específico, Céspedes, Agramonte, Maceo, Martí, Mella, Guiteras, Abe Santamaría, Frank País, Che, Fidel, Raúl y tantas decenas de miles de cubanos anónimos que dejaron sus huesos en el camino para lograr el sueño utópico de una sociedad sin explotación del hombre por el hombre, con libertad, poder popular real participativo.

Y estamos seguros de que lo lograremos, aunque tengamos que realizar nuestra sexta revolución.

A inicios de los noventa del siglo pasado, era posible aún hacer creer al ciudadano de a pie que el neoliberalismo podía aportarle mejoría a él y a su familia. Hoy, es evidente que el modelo neoliberal hace aguas como modelo civilizatorio; pues globaliza la injusticia, la desigualdad y la pobreza a niveles explosivos para todo el sistema occidental. Cada día, nuevos representantes del establishment reconocen que, si no introducen con urgencia cambios en las políticas, los daños al medio ambiente serán irreversibles; que la estabilidad del mismo sistema occidental será muy frágil y dará paso a situaciones incontrolables, porque los Estados Unidos en particular ha desarrollado políticas económicas que conducen a cientos de millones de personas a condiciones de vida infrahumanas; además —y no menos grave— sus políticas agreden la dignidad individual y colectiva, de naciones, de pueblos enteros, desarrollando en Occidente una intolerancia brutal hacia otras culturas y religiones.

La ideología neoliberal, posmoderna y de la globalidad —esto es, el pensamiento único—, tampoco garantiza el bienestar del Norte, ni produce un desarrollo de la espiritualidad, de la ética, de la cultura en función de la individualidad y de las comunidades; sino que lanza a las personas al individualismo, al egoísmo más brutal y deshumanizado hasta hoy conocido. Donde impera el Mercado no hay democracia.

No tiene sentido ninguna acción humana, económica, política, social, si no va dirigida al mejoramiento humano.

Che le es útil al mundo actual, porque fue un observador privilegiado del funcionamiento del capitalismo —tanto en los países del Primer Mundo como en los del Tercer Mundo, en las excolonias latinoamericanas y africanas— y de la acción del neocolonialismo en la primera mitad del siglo XX.

Che nos es útil hoy porque también analizó la experiencia soviética y de los países socialistas del Este europeo y llegó a la conclusión, veinticinco años antes que aconteciera, de que la Unión Soviética marchaba hacia el capitalismo:

“Desgraciadamente a los ojos de la mayoría de nuestro pueblo y a los míos propios llega más la apología de un sistema que el análisis científico de él. Esto no nos ayuda en el trabajo de esclarecimiento y todo nuestro esfuerzo está destinado a invitar a pensar, a abordar el marxismo con la seriedad que esta gigantesca doctrina merece”.

La Historia le dio la razón.[2]

Che puso en un cuerpo teórico coherente la cultura revolucionara del pueblo cubano, que resultó ser esa ideología revolucionaria que nos salvó del descalabro del socialismo soviético y de Europa del Este y de los cantos de sirena del neoliberalismo. Teoría y enseñanzas estas que nos pueden ayudar a pensar con cabeza propia, a analizar, a detener el caos, la destrucción que el capitalismo ha hecho y realiza de la naturaleza y de la humanidad.

Karl Marx no se equivocó tampoco cuando escribió:

“El capitalismo tiende a destruir sus dos fuentes de riqueza: la naturaleza y los seres humanos”.

Esa ideología martiana, fidelista, marxista, que el Che estructuró en un cuerpo teórico, es la que permite hoy al pueblo cubano seguir desarrollando el socialismo cubano y derrotando al imperio, incluso con la ley Helms-Burton, esto es, el bloqueo comercial, económico y financiero que ningún país o región ha sufrido por más tiempo en la historia de la humanidad.

Las relaciones monetario-mercantiles no se pueden quitar por decreto, sino que en la medida en que vayan creciendo las nuevas relaciones económicas, sociales, culturales del socialismo irán disminuyendo.

Che nos es útil porque es un idealista —sin idealismo, sin utopía, sin romanticismo, como han dicho tantos, no existe la humanidad—, pero es un idealista que tenía los pies en la tierra y sabía la calidad de la gente, sabía valorar y por eso daba el ejemplo. Che desarrolló el arma fundamental de los revolucionarios: la ética; el socialismo cubano, los revolucionarios cubanos desde las luchas contra el colonialismo español hasta el día de hoy, sitúan al ser humano en el centro y eso nos aporta la ética que el Che entendió.

El Che está de vuelta porque el ser humano se percata de que lo están embruteciendo a nivel mundial, que no quieren que piense y se empeñan en borrar la memoria histórica. Y Che es tan puro, ha sido y es tan consecuente en lo que pensaba, sentía y hacía que nos sigue inspirando, no solo a los cubanos, para establecer una sociedad mucho mejor en la cual realmente podamos eliminar el capitalismo y crear una forma de vida que no destruya el planeta y acabe con la explotación del hombre por el hombre.

Che desarrolló lo que el Marx maduro, al hacer ciencia, descuidó, a lo que tampoco Lenin prestó mucho tiempo —ya sea por tener otras tareas históricas, teóricas y prácticas más importantes y perentorias o porque tenía una concepción distinta—.

Notas:
[1] Engels, Federico: “Carta a Werner Sombart”, marzo 1895.
[2] Antes de leer al Che, quien me dijo por primera vez que la Unión Soviética iba a desaparecer fue Fidel Castro, en 1967. Yo estaba de guardia en el rectorado de la Universidad de La Habana —era profesor de Filosofía en esos años— y en eso llegó Fidel. Él venía de una reunión con un alto militar soviético en torno a la defensa de Cuba y se le veía un poco molesto. Entonces Fidel dijo algo que me conmovió por completo, aunque no lo entendí en aquel momento: “La Unión Soviética marcha hacia el capitalismo”. Y expuso sus razones en la Plaza Cadenas rodeado de estudiantes y profesores.
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